EL ERROR IMPRESCINDIBLE

 

Me distancio de mi ego. No pretendo que la obra (vida) cumpla mis expectativas: que “me convenza”, que me guste, que sea como yo querría que fuese.

 

Me ocupo de observarla, de conocerla, de acompañarla en su desarrollo y no en mi interés singular; de aceptarla como es.

 

La obra (vida) manifiesta su “autonomía” cuando yo pierdo el control/poder sobre ella (o lo suelto): cuando me olvido o me equivoco o me distraigo; en mi “error” aparece la voz de la obra (vida) que me interpela.

 

Con ese “error”, la obra (vida) me invita a atravesar un umbral hacia lo desconocido, lo imprevisto, lo espontáneo.

 

Cuando no acepto esa invitación y corrijo los “errores” según mi expectativa, amordazo la obra (vida), entablo con ella una relación de poder y sólo me ocupo de intentar dominarla.

 

El desenlace de los conflictos de poder siempre es una forma de polarización, y en la polarización no hay creatividad, ya que, por antonomasia, no hay vínculo ni sistema y, por lo tanto, tampoco posibilidad de generación.

 

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