La experiencia del terapeuta

Para el terapeuta, esta relación es una nueva aventura. Piensa: “He aquí a esta otra persona, mi cliente. Me siento algo temeroso ante él, temeroso de sus profundidades, tal como me ocurre con las mías. Y sin embargo, a medida que habla, comienzo a experimentar respeto hacia él, a sentir mi vínculo con él. Siento cuánto lo asusta su mundo y los ingentes esfuerzos con que intenta mantenerlo en su sitio. Quisiera captar sus sentimientos y que él advierta que los comprendo. Quisiera que sepa que estoy a su lado, en su mundo estrecho y oprimido y que puedo observarlo relativamente libre de temor. Quizá logre convertirlo en un mundo más seguro para él. Me gustaría que en esta relación con él mis sentimientos fueran tan claros y transparentes como sea posible; de esa manera, él tendría una realidad discernible a la cual retornar una y otra vez. Sería bueno poder acompañarlo en el espantoso viaje que debe emprender hacia su propio interior, a encontrar los temores ocultos, el odio y el amor que jamás se ha permitido sentir. Reconozco que éste es un viaje muy humano e imprevisible para ambos y que quizá yo mismo eluda en mí, sin saberlo, algunos de los sentimientos que él irá descubriendo. Hasta este punto sé que mi capacidad de ayudarlo se verá limitada. Sé que en ciertos momentos sus propios temores lo harán percibirme como alguien despreocupado, un intruso que lo rechaza y no lo comprende. Quiero aceptar plenamente estos sentimientos en él; no obstante, espero que mis propios sentimientos se manifiesten claramente, de modo tal que él logre percibirlos en el momento preciso. Sobre todo, quiero que encuentre en mí a una verdadera persona. No debo sentir inquietud alguna respecto de la cualidad ‘terapéutica’ de mis propios sentimientos. Lo que soy y lo que siento es suficientemente bueno como para servir de base a una terapia, siempre que logre ser lo que soy y lo que siento en mi relación con él. Entonces quizás él también logre ser lo que es, de manera abierta y libre de temor”.

 

La experiencia del cliente

El cliente, por su parte, experimenta secuencias mucho más complejas de lo que es posible imaginar. Quizás, esquemáticamente, podamos describir en los siguientes términos los sucesivos cambios que sufren sus sentimientos: “Le temo. Me gustaría cooperar, pero no sé si puedo confiar en él. Podría descubrir en mí cosas que desconozco; cosas malas que me asusten. No parece estar juzgándome, pero sin duda lo está haciendo. No puedo contarle lo que realmente me preocupa, pero puedo comunicarle algunas experiencias pasadas que se relacionan con mi problema actual. Parece comprenderlas, de manera que puedo revelar algo más de mí mismo.

“Pero ahora que he compartido con él algunos aspectos malos de mi mismo me desprecia. Estoy seguro, pero lo raro es que no encuentro prueba alguna de que lo haga. Quizá lo que le conté no sea tan malo al fin de cuentas. ¿Será posible que no deba avergonzarme de esa parte de mí? Ya no siento que me desprecia. Me hace sentir que deseo continuar, explorarme, quizás expresar más acerca de mí mismo. Encuentro en él una especie de compañero; parece que realmente comprende.

“Ahora me siento nuevamente atemorizado, y esta vez más que nunca. No había advertido que al explorar mis rincones ocultos sentiría cosas que jamás había experimentado antes. Esto es raro, porque de alguna manera no son sentimientos nuevos; siento que siempre han estado allí. Claro está que parecen tan malos e inquietantes que nunca había permitido que afloraran. Y ahora, cuando vivo estos sentimientos en las horas de terapia, me siento terriblemente inseguro, como si mi mundo se deshiciera en pedazos. Mi mundo era seguro y sólido; ahora es blando, débil y vulnerable. No es agradable sentir cosas que antes siempre me atemorizaron. La culpa es de él; y sin embargo, estoy ansioso de volver a verlo y me siento más seguro en su compañía.

“Ya no sé más quién soy; pero a veces, cuando siento las cosas, parezco ser firme y real por un momento. Me preocupan las contradicciones que encuentro en mí mismo -actúo de una manera y siento las cosas de otra, pienso una cosa y siento otra. Esto es muy desconcertante. A veces también es arriesgado y estimulante tratar de descubrir quién soy. En algunas oportunidades me descubro sintiendo que quizá valga la pena ser como soy, aunque no sé lo que eso significa.

“Estoy empezando a descubrir que compartir exactamente lo que siento en este momento, es algo muy satisfactorio, aunque a menudo doloroso. En realidad representa una gran ayuda tratar de percibirme y atender a lo que en mí ocurre. Ya no me siento asustado por lo que está sucediendo en mí. El terapeuta me inspira bastante confianza. Empleo algunas de mis horas en su compañía tratando de penetrar en mi interior, para descubrir lo que siento. Es una empresa que me atemoriza y, sin embargo, quiero saber.

“Además confío en él la mayor parte del tiempo y eso me ayuda. Me siento bastante vulnerable e inexperto, pero sé que no quiere herirme y hasta creo que le importo. Se me ocurre que si logro sentir lo que en mí ocurre y comprender su significado, a medida que me permito penetrar más y más en mis propias profundidades, descubriré quién soy, y también sabré qué hacer. Creo esto porque a veces me sucede cuando estoy con él.

“Puedo hasta decirle cómo me siento con respecto a él en cualquier momento. Esto, en lugar de destruir la relación, como yo temía al principio, parece profundizarla. ¿Lograré ser mis propios sentimientos también con otras personas?. Quizás eso tampoco sea muy peligroso.

“Siento como si flotara en la corriente de la vida, temerariamente y siendo yo mismo. A veces me siento derrotado, otras herido, pero estoy aprendiendo que esas experiencias no son fatales. No sé exactamente quién soy, pero puedo percibir mis reacciones en cualquier momento y, al parecer, ellas son en cada caso una base excelente para mi conducta. Quizás esto sea lo que significa ser yo. Naturalmente, sólo puedo hacer esto porque me siento seguro en mi relación con mi terapeuta. ¿Podría ser yo mismo fuera de esta relación? Me lo pregunto una y otra vez. Quizá sí”.

 

Lo que acabo de esbozar no es un proceso que se produzca rápidamente. Puede tardar años. Por razones que ignoramos, también puede no ocurrir. Pero al menos esto puede sugerir el aspecto interno del cuadro de hechos que he presentado para describir el proceso de la psicoterapia, tal como se da en el terapeuta y en su cliente.

 

(Nota: Rogers, en pos de evitar el término "paciente", que puede referir a una situación de enfermedad, optó durante un tiempo por la alternativa "cliente", que en nuestro paradigma puede sonar mercantilista y poco ético -más allá de que exprese una verdad inobjetable-. En el último tiempo, definió a quien hoy también llamamos "consultante", lisa y llanamente como "persona".)

 

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